6.7.06

martes, 06.07.1806 – Santiago de Liniers y Bremond

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Francés, de una familia aristocrática, Santiago de Liniers estaba próximo a cumplir 53 años, en esos días de 1806. Los mejores momentos de la vida del militar parecían haber quedado atrás. Incorporado a la marina española, se batió a duelo con los piratas de Argel, sitió Gibraltar, formó parte de la expedición a América de Pedro de Cevallos y de la expedición científica de Vicente Tofiño, se incorporó al Apostadero Naval del Virreinato del Río de la Plata. En estas tierras había enterrado a dos esposas y a varios hijos. Había intentando las fortunas del comercio, pero chocó con la oposición de los monopolistas españoles porteños, con Martín de Álzaga a la cabeza quien lo acusaría de conspirar contra la corona. Más de una vez tuvo que ayudarlo económicamente su segundo suegro, el próspero comerciante Martín de Sarratea. También parecían frenadas sus ambiciones profesionales, empantanadas en la burocracia española, tras ser gobernador en las Misiones.

La víspera de la primera invasión inglesa, el virrey Sobremonte lo designó al mando de la Ensenada de Barragán, reforzada militarmente ante los rumores de un posible desembarco británico. Paradójicamente, a este militar sin futuro, le esperaban sus mejores momentos en los próximos cuatro años: héroe de la Reconquista, virrey, jefe de la Defensa y, ya en el ocaso, fusilado por el gobierno de la Revolución de Mayo por su fidelidad a la corona española.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

A las puertas de Nueva Arcadia

Cessas vota precesque,
Tros, ait, Aeneas? Cessas?

¿Por qué apareces, oh Verdad, y me acusas
hermosa, horrenda, implacable obstinada,
con tu dedo, por qué sobre mí
descargas tanto peso en mi conciencia,
por qué me arrastras y me internas
por las grutas de Cronos
para hacerme desolador testigo
de epopeya, que es maldición evocar,
de crimen y traición,
de que es mejor no escuchar,
de que es mejor no saber?

¿Por qué desgarras de emoción mi alma
desencubriendo para mis ojos,
la más grandiosa hazaña épica de toda América,
la Reconquista total de Buenos Aires,
la bravura sobrenatural de las milicias
al mando del glorioso y divino Virrey,
único y genuino Libertador de la Argentina y Padre de la Patria,
sepultada su memoria por diabólicos villanos,
olvidada su memoria por imperdonables idiotas?

¿Por qué a mí, oh Verdad, te me presentas en solitaria noche,
te me desnudas y me muestras tu al espíritu excitante belleza,
para estremecerme la sangre de pavor,
para dejarme clavada tu aguja en mi consciencia,
para robarme con perturbación el sueño,
para echar sobre mi alma testigo el peso,
inllevable, de la oculta conjura de viles, de inicuos,
traidores criminales, reconocidos
por todos y por todos como próceres?

Ya déjame dormir, oh Verdad, ¡vade retro, aléjate!
e infecta con tu sacrosanta peste el alma de otro.

6:29 a. m.  

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