26.6.06

sábado, 26.06.1806 - la quema del puente de gálvez

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Beresford descansó dos horas con sus tropas, en el pueblito de la Reducción ("para reponerse, y mantener vivo el pánico producido"), mientras esperaba que recuperaran los cañones empantanados en el bañado de Quilmes. "Me puse en marcha con la esperanza de evitar la destrucción del puente sobre el Río Chuelo" escribe Beresford "pero al llegar al puente lo hallé enteramente consumido por las llamas". "Un puente de madera a que pegaron fuego, y después reunieron sus fuerzas en la margen opuesta" coincide Gillespie.

Tras el desbande en Quilmes, Arce y sus hombres se retiraron hasta Barracas. Pusieron guardia en el Puente de Gálvez, con orden de prender a todo que, viniendo del campo, quisiera cruzarlo. Enterado del desastre en Quilmes, Sobremonte emprendió la marcha hacia Barracas.

Las fuerzas de la ciudad vivaquearon en la llamada calle Larga de Barracas, la actual Montes de Oca. Arce se dio tiempo para gritar a los cuatro vientos que los ingleses "eran 4000 hombres bien disciplinados y aguerridos y que no pasaría de la oración sin que los tuviésemos en el Puente" .

No era el único que exageraba. El comandante Home Popham, desde la fragata Narcissus, elogió la táctica de Beresford "que pronto hicieron comprender al enemigo que su única salvación estaba en una retirada precipitada, porque tuvimos la satisfacción de ver desde las naves cerca de 4000 españoles de la Caballería huir en todas direcciones, dejando sus piezas de artillería en el campo, mientras que nuestras tropas subían por las barrancas con esas intrepidez y valor que ha destacado en todas las oportunidades al carácter del soldado inglés" . Cabe señalar que los 4 mil españoles de Arce no llegaban a 500 hombres, mal entrenados y peor armados.

"Hago saber a todos los fieles vasallos del Rey Nuestro Señor de esta campaña y frontera que nuestros enemigos los ingleses están desembarcados en los Quilmes donde han acudido llenos de valor, y patriotismo las gentes más inmediatas manifestando deseos de vencerlos y destruirlos" expresó Sobremonte en una proclama al pueblo, en la que pedía el auxilio de la población para detener al invasor. "Todos concurran con la mayor celeridad con cuantos caballos y armas tengan y puedan recoger los oficiales sin distinción de personas se pongan en marcha para el puente de Galbez" ordena "para que las armas del Rey triunfen, y los fidelísimos habitantes tengan la gloria de haber vencido al enemigo de su santa Religión, de sus bienes, y familias, como este superior Gobierno lo espera puesta la confianza en el dios de los ejércitos, y en el amor de estos vasallos al mejor de los soberanos".

Sobremonte reunió cerca de 3 mil hombres con los que marchó a Barracas, con la supuesta intención de enfrentar a los ingleses. Se ubicó en la Convalescencia para observar el movimiento inglés (amén de tener cerca la seguridad del oeste, para huir cuando fuera necesario). Constituyó su cuartel general en la quinta del sevillano Antonio Dorna, en Barracas, donde pasó la noche del 26, ordenando incomprensibles movimientos de la tropa que ya estaba fatigada por el encuentro con los ingleses en Quilmes.

Ubicó a un millar de los "urbanos" en el edificio de Marcó, al pie de la barranca de la actual calle Bolívar, con el Parque Lezama a sus espaldas. Otro grupo, los oficiales y soldados del "Fijo", reforzado con voluntarios, ocuparon la ribera interna del Puente Gálvez, con la orden de quemarlo en cuanto se acercara el enemigo, cosa que se hizo alrededor de las 4 y media de la tarde. Pero con tanta desorganización que, en la otra orilla, quedaron en pie casas, tras las cual se guarecieron los ingleses y hasta lanchas y botes que les sirvieron para cruzar el río.

Llovía y empezaba a oscurecer. Los ingleses llegaron tarde a impedir la destrucción del puente de Gálvez. Fueron recibidos por el fuego de artillería de los defensores, de la otra orilla del Riachuelo. Miguel de Azcuénaga y el coronel de ingenieros Eustaquio Giannini conducían la infantería; la artillería estaba al mando del sexagenario Antonio Olondriz. Los ingleses no intentaron el cruce del río, dado lo avanzada de la noche. Durante toda la noche, soportaron los disparos de los dos cañones que los defensores acercaron a la orilla del río.

Lo que los vecinos de Buenos Aires no sabían era que la suerte de la ciudad estaba echada. El coronel José Pérez Brito había reunido, a las 7 de la tarde, a algunos jefes militares, cabildantes e integrantes de la Real Audiencia, para comunicarles que Sobremonte había anunciado su intención de retirarse al interior, "para el caso que los enemigos forzasen el paso del Riachuelo"; no sólo eso, le había confiado el mando militar de la plaza, ordenándole "la defensa del Fuerte sin reparar en los perjuicios que pudiese ocasionar en la ciudad y sus edificios". Para esa hora, Sobremonte había despachado los fondos reales a Luján y su propia familia estaba en la quinta de Liniers (cercana a Plaza Once) para emprender el viaje al interior cuando lo quisiera el virrey.

"La tarde era hermosa y contemplábamos desde nuestra posición las altas torres de Buenos Aires a distancia de una legua" escribe Gillespie "grandioso objetivo de nuestras esperanzas y fin de nuestros trabajos".

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

donde puedo ver los planos que posteas? no funciona el link de las imagenes

1:38 a. m.  

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